La lectura y la escritura ha sido motivo de constante interés y preocupación por parte de estudiosos de esta temática.Básicamente, se reincide en exigir al niño el dominio de la mecánica del proceso lecto-escritor, el reconocimiento de letras y palabras, la pronunciación correcta de fonemas y la reproducción de textos, que han conformado los propósitos fundamentales de la enseñanza y el aprendizaje en este campo del saber.
La lectura y la escritura no se resuelve proponiendo simplemente combinaciones metodológicas, pues estas posturas evaden resolver interrogantes básicas, como por ejemplo: ¿qué se ha de aprender y enseñar a través de los contenidos de lengua y literatura?, ¿qué fundamentos sustentan el lenguaje como objeto de conocimiento? ¿cómo se aprende, se conoce y se desarrolla la actividad cognitiva, la comunicación y la práctica socio-educativa del alumno en este proceso?. En tal línea de reflexión es importante señalar la necesidad de transformar los modelos pedagógicos, es decir, las diferentes posibilidades y formas de organizar y acceder al conocimiento, referido en este caso a la disciplina que nos ocupa.
Partiendo de lo anterior puedo decir que el gusto por la lectura y la escritura no es innato ni tampoco deriva de la repetición de experiencias. Aunque en algunos casos parece instintivo, la influencia de las relaciones sociales y de las condiciones del contexto histórico (organización social, familia, medios de comunicación, etc.) es determinante.